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Emprendimiento, un camino a la autorrealización

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Ante tantas opiniones sobre este tema, es bueno comenzar aclarando términos. Emprender es básicamente concebir ideas creadoras capaces de generar el impulso para la acción proactiva, y transformarlas en resultados. Esa capacidad creadora es inherente al ser humano promedio, luego, emprender está en la naturaleza del hombre, que a fin de cuentas es una forma, quizá la única, que le ha permitido emanciparse y alcanzar metas; emprender es por tanto un verbo de acción. Entonces, no es algo ajeno, o exclusivo de personas súper dotadas, sino parte constitutiva de nuestro quehacer desde que evolucionamos al sapiens sapiens.

Hace muchos años las necesidades vitales del hombre fueron cubiertas gracias a su capacidad para proponer vías de acción que le permitieran lograr éxito en la caza, en la protección de su territorio, en la lucha con depredadores, en establecer comunidades, etc.  En aquel entonces los comportamientos eran instintivos, por eso logramos sobrevivir. Es una historia que se remonta a nuestros orígenes, y que hoy heredamos como arquetipos universales. Así pues, detrás de todo emprendimiento hay un elemento que lo motiva, producto de una necesidad subyacente que requiere ser satisfecha. El tamaño de la motivación (y la necesidad que la impulsa) es directamente proporcional al empeño que pone en la tarea.

Hoy, a diferencia de nuestros antepasados, el propósito del hombre es alcanzar su autorrealización, y todos los esfuerzos a fin de cuentas se dedican a esa empresa que puede tomar toda la vida. Ese es el sentido de la existencia. A la autorrealización no se llega sino mediante las acciones que emprendemos a lo largo de nuestro hacer, de nuestro estar. ¿Qué es autorrealización? Un estado de plenitud íntimo, producto de ver satisfechas las aspiraciones individuales que consideramos vitales.

Gran parte de la frustración que en estos tiempos aqueja a un alto porcentaje de la humanidad, tiene que ver con la falta de claridad sobre los caminos a seguir para logras ese estado de plenitud. Quizá hace diez mil años las cosas eran más sencillas porque el hombre no había desarrollado el estado de consciencia que posee actualmente, entre otras razones porque su limitado lenguaje no le permitía relacionarse con el mundo como lo hace hoy. Para bien o para mal hoy luchamos con demonios que en el aquel entonces aun no habíamos concebido.

Todo tiene un precio, y el desarrollo tecnológico, si bien es cierto que  abrió  un espacio hacia afuera, y nos conecta con todo lo que nos rodea, también nos separa de nuestra esencia interior, nos aleja de nuestros verdaderos propósitos. Esto explica por qué la mayoría de los emprendimientos fracasan y mueren durante el primer año. La mayoría de ellos provienen de un esfuerzo creativo envidiable, pero se quedan a medio camino porque una cosa es crear y otra es innovar, entendiendo por esto último el materializar la idea y echarla a andar, verla crecer y hacerse competitiva.

Entonces, no solo es crear, es creer en lo que haces, y para poder creer  debes tener el absoluto convencimiento de que lo que te propones hacer es retador, posible,  alcanzable, medible, ecológico y deseable. Así pues, los emprendimientos fracasan porque requieren de un esfuerzo y una constancia que solo es posible si sentimos pasión por ellos, si nos enamora, de otra forma, ante el menor inconveniente los abandonamos.

 

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Una vez que sientes la pasión necesaria por ese proyecto que te quita el sueño, vas a necesitar los siguientes elementos para materialízalo:

  • Un estudio de mercado. A menos que tu idea sea original tienes que averiguar ¿Quién mas está haciendo algo parecido?, ¿Cómo lo hacen?, ¿Cómo les va?, ¿hay espacio aun?, etc.
  • Investiga como podrías diferenciarte de tus competidores.
  • Averigua quién es tu cliente, clasifícalos por su capacidad de compra.
  • Determina con exactitud el alcance de tu propuesta, ¿Qué porcentaje de participación crees que puedes alcanzar en los próximos cinco años?
  • Sobre esa base determina que recursos necesitas (capital, infraestructura, personal, etc.)
  • Con estos elementos aclarados, es necesario que calcules la factibilidad financiera del proyecto (el mundo real). La mayoría de los emprendedores no le prestan atención a este elemento clave sino cuando ya es muy tarde. Te menciono solo algunos indicadores financieros que debes conocer, proyectar, y que te permitirán saber si es o no es negocio lo que pretendes hacer: flujo de caja, tasa interna de retorno, valor presente neto, utilidad sobre ventas, entre otros. En todo caso, te recomiendo consultar a un especialista en esa materia.

Finalmente,

  • Un emprendimiento jamás se improvisa (la suerte existe pero no debemos abusar de ella).
  • Ten mucho cuidado con los socios que elijas. Un abogado que te oriente es muy recomendable.
  • Por aquello de que no hay garantías en la vida, deja siempre una “puerta de emergencia” que te permita salir sin lastimarte en caso de que las cosas no ocurran como esperabas. El resguardo del patrimonio es fundamental.
  • El éxito de cualquier emprendimiento dependerá de tu red de relacionados, conocidos y amigos, que te puedan apoyar. La utilización de las redes sociales hoy en día es primordial. Consulta con especialistas. Lo que no se promociona no se vende.
  • Cree en ti por encima de todo.

¡Suerte!

Andrés Monroy Coach Internacional (certificado por la ICC), Master PNL, Trainers training en PNL. Master en Hipnosis Clínica y Psicoterapia, Consultor Empresarial.

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